Comer en Sofía

Sopa Tarator

No parece que sea muy conocida la gastronomía búlgara, ¿verdad? Tal vez uno llega con algo de «miedo gastronómico» a la capital por ver qué nos podemos encontrar. Pero cuando vivimos la experiencia de probar algunas de sus delicatessen, todo cambia. En Bulgaria, y concretamente en Sofía, hay verdaderas maravillas para el paladar, platos preparados con un gusto exquisito en el que se mezcla lo popular con algunas influencias europeas.

En Sofía se usan mucho los condimentos, caso del pimentón rojo, la pimienta negra, el comino o el perejil, lo que le atribuye a sus platos un sabor peculiar. De ahí que sus platos sean muy particulares. Tanto es así que, ya para desayunar, se suele tomar la banitza, una pasta tradicional rellena de queso búlgaro, espinaca o manzana. Empieza fuerte la cosa…

En los países de la Europa del Este son bastante frecuentes las sopas, y Bulgaria no lo es menos. Una de las favoritas es la Tarator, sopa fría hecha con pepinos troceados, ajo, aceite y yogur batido con agua. Del mismo estilo, pero algo más seca, es la Snezhanka, que también lleva pepino y yogur. Ambas sopas, con el frío invernal que azota Sofía, vienen de lujo para el entrante.

Como aperitivo también podemos pedir la Shopska Salata, una ensalada que lleva tomate, pepino, pimiento asado y queso blanco búlgaro rallado por encima. Esta ensalada la encontraréis en cualquier restaurante. Aunque aquí no se lleva eso del tapeo, algo parecido puede ser pedir una Lukanka (salchicha típica), una Pastarma (salchicha de ternera secada) o los clásicos pinchos de filete de cerdo.

Los platos fuertes tienen que ver especialmente con la carne, que en Sofía y en toda Bulgaria gustan mucho. Las kyufte o albóndigas, los shishche o trozos de carne en brocheta, la moussaka (en Bulgaria se elabora con patata, carne molida, yogur, harina y huevos), el guiuvech o carne de vaca o cerdo cocinada al horno con tomates, pimientos y guisantes, así como la kavarma (trozos de carne con cebollas guisadas).

A estos platos se les pueden añadir las alubias blancas, verduras como la col, quesos como el sirene (blanco) o el kashkaval (amarillo), además de las kebapcheta (albóndigas alargadas de carne de vaca y cerdo que se hacen a la parrilla). Ya veis que hay bastante variedad, siempre con el gusto por las especias y lo picante. Si no os gusta mucho este tipo de sabor podéis pedir en cualquier restaurante que no lo condimenten demasiado.

Para acompañar la comida hay una buena selección de vinos blancos o negros. En cualquier buen restaurante cuentan con una carta de ellos. Más tradicional son las cervezas, aquí las Zagorka o la Kamenitsa, e incluso la rakia, un aguardiente de uva, ciruela o albaricoque, que se suele tomar con las ensaladas para darle un sabor especial. Si la rakia os parece un poco fuerte tenemos la mastika, algo más ligera (según el paladar) y que también sirve para el aperitivo.

En Bulgaria la tradición del postre es casi sagrada. No te puedes ir del restaurante sin probar la clásica baklava, un pastel de jarabe con nueces, o el famoso yogur búlgaro de leche de búfala, único en el mundo y con unas propiedades que solo se consiguen gracias a las condiciones climáticas de Bulgaria. Así que ve haciendo sitio durante la comida. Igual de tradicionales y ricos son el krem karamel, el melba (helado de frutas y crema), el kadaif y las tortas y tartas que se suelen hacer de manera artesanal.

Con estas especialidades seguro que ya vais con una idea mucho más «tranquila» de la gastronomía que os vais a encontrar en Bulgaria. Una cocina de la que seguro no vais a olvidar su sabor tan peculiar.

Foto Vía Walthamstowfoodies

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